Fue en el momento preciso. En el exacto en que tu voz llego a mi oído. Entro hasta llegar a mi corazón. Fue estudiando cada rincón del mismo. Buscando lo que estaba mal. Entonces me dijo es esto lo que tienes que cambiar. Y pensaba que no podría por lo mucho que lo dolería sacar la “cosa” que dañaba mi corazón.
Pensé que moriría, pues el dolor del proceso me hacia sentir que ese era el final. Trabajabas con mucha delicadeza cortando lo que estaba dañado y no servía. Con esas hermosas tijeras de oro cortabas para no dejar ni un rastro. Luego, sacaste la aguja que era nueva para poder coser mi corazón. Me dijiste que mi proceso estaba llegando a su fin. Que pronto el dolor tendría su final. Una y otra vez me acordabas que no estaba sola, que tu seguías a mi lado y eso traía paz a mi vida. A pesar del dolor deje que trabajaras pues sabia que el resultado seria perfecto.
Hoy ha comenzado a mejorar la herida. Ya no es tan profunda. Ya no duele tanto. Aunque muy vulnerable esta, se que pronto sellara. Mi corazón empieza a latir de alegría. No hay tristeza ni rencor que lo rodea. Y tú me miras. Me miras sabiendo que vivo eternamente agradecida de ti. Hoy con más cuidado camino, observando que todo lo que entre a mi corazón no le haga daño. Lo que un día parecía no tener remedio y que me partía el corazón, ya no esta. Gracias a ti. Gracias por no dejarme sola en medio de esta aventura. Hoy marco una etapa más y tú sigues siendo parte de ella como desde el principio.