Hoy te escribo con tinta negra. Con un bolígrafo ya viejo, todo gastado. Hoy te escribo porque hay musa.
Porque tengo la necesidad de explotar. Con la música de fondo. La música encendida. Con cada una de las letras sonando en mi interior.
Hoy, ya te necesito extrañar. Ya no te puedo mirar. No te puedo escuchar. Por que si te quiero olvidar no te puedo sentir.
Hoy, ya no se como hacerlo. Como despedazar cada uno de los recuerdos que hay en mi. Hoy no te puedo necesitar. Te tengo que olvidar.
Hoy sueno como una niñita tonta. Pero es que mira…
Mira lo que has hecho en mí. Que no pensaba quererte. Que no pensé llegar a enamorarme. Que tonta fui!
Que hoy tú no me ves igual. Hoy ya nada es normal, pero ¿Cuándo lo fue? En que momento fue que pensé que todo podía ser.
¿Y acaso será imposible sacar tu nombre de mi mente? ¿Será que acaso no te pueda olvidar?
Dime, ¿Cómo hago hoy para sacarte de mi piel? Porque te has incustrado tan fuerte que puedo sentirte cerca de mi. Has llegado a lo más recóndito de mí.
Que tonta fui, que tonta soy. Pensar que me querías a mí. Una y otra vez me lo repetí. Que no debía acercarme a ti. Pero soy tan vulnerable ante ti. Tan débil ante ti.
Hoy solo te escribo porque ya no te veré. Por que necesito no verte y perderte para siempre. Hoy ya nada duele. Hoy solo serán lágrimas negras las que veras.
Hoy no me busques porque a la que buscas ya no estará…
Hoy ya, ella, no estará.
- Diana Liz Dávila Jiménez
7 de septiembre de 2008