Eran casi las cuatro de la tarde cuando el teléfono sonó. No esperaba la llamada mucho menos la noticia que detrás se escondía. Fue precisamente en ese momento en que sentí la desesperación correr dentro de mi. Al instante me percate de mi emisor. Sabia que lo mas que necesitaba era fortaleza. Me puse los pantalones en su sitio; como dicen, y simplemente escuche lo que tenia que decir. Fueron pocas las palabras…
En momentos difíciles no hay mucho que decir. Mas bien estar. Creo que eso era lo mas que me desesperaba. No poder estar físicamente al lado de mi emisor. Del mismo que me había dado la noticia. Me molestaba no poder consolarle y mucho menos mostrarle mi afecto. Sentía el dolor tan mio que comenze a llorar. Rápidamente transcurrí a mi nueva habitación y hable con Papá. Comencé a rogarle por su intervención; algo que ya él sabía. Envuelta en mis lagrimas me transporte a un profundo sueño que se vio interrumpido cuando mi madre entro al cuarto. No le dije nada, simplemente la mire. Aún trataba de poner en orden las ideas y los pensamientos. Al rato me acerque y le explique la situación. No aguante el llanto y las lagrimas comenzaron a fluir como si fueran cascadas de agua buscando rumbo por donde pasar. Fue en ese instante en el que me di cuenta del sentimiento enorme y a su vez hermoso que hay dentro de mi por ese emisor. El emisor que en estos momentos probablemente se rompe la cabeza tratando de buscar una solución a la situación.
Mi emisor probablemente tenga muchas cosas que pensar. Tal vez piense en solo una cosa. Mientras, la receptora, se encarga de esperar por una respuesta de su creador. Inesperadamente recibe la llamada y no le queda mas que esperar por un milagro. Ella envuelta en pensamientos y el en silencio. Nadie dice nada. Es en tu tiempo.
- DLDJ
2 Corintios 12:9 (Reina-Valera 1960)
9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.